Decálogo de calidad del formador/a para el empleo

 

TODO PERFIL PROFESIONAL HA DE CONTAR CON UN PROTOCOLO DE ACTUACIÓN

Decálogo de calidad del formador/a para el empleo:

  • Tener buenos resultados y satisfacer a las personas aunque estés solo y no tengas medios.
  • Dar cursos variados ideados por  los ojeadores de tendencias en formación, sin poder explicar que lo que sabes se organiza mejor bajo prismas profesionales.
  • Caer bien en los centros formativos y empresas, no cuestionar la retribución por debajo de cualquier norma, ni la no cotización de  la preparación,  qué importa que no tengas clave para la fotocopiadora, llévalo hecho de casa, para eso está el tiempo libre, para que prepares.
  • Entregar la memoria en los centros en una semana, y esperar lo que sea necesario para cobrar el  trabajo, contentos y agradecidos.
  • No preguntar nunca sobre el origen de los fondos y la regulación del pago a formadores, se corre el riesgo de enfadar a los poseedores de los cursos y de agobiar de trabajo a los gestores de los mismos. Pobres, qué poca empatía la de los formadores.
  • No preguntar nada sobre la situación a las instituciones, organizaciones y sindicatos, un formador así demuestra muy poca vocación. Querer saber tanto no parece propio de un profesional del aprendizaje, son muy quejicas.
  • Ayudar a que los centros formativos acrediten familias profesionales con los curriculums de los formadores, luego ya el curso lo puede dar otro, a los técnicos les parece correcto. Colaboremos más.
  • Realizar material formativo en tu tiempo libre, también participar en la selección de alumnos, realizar la memoria y otras tareas administrativas afines.
  • Regalar el material realizado a los centros formativos porque es tu obligación y los ejercicios que construyes y todo lo que se te ocurra, dentro de planteamientos de “el conocimiento es libre y no conlleva esfuerzo”, no conviene ser egoísta.
  • Agradecer que las instituciones no reconozcan a los profesionales del aprendizaje, ni regulen sus funciones laborales, derechos o retribuciones. Celebrar no contar con representantes sindicales ni con un responsable que pueda informar sobre los temas del sector. Un formador sabe que tanta información agobia y lo agradece.
  • Apreciar en lo que vale que no existan registros profesionales oficiales, organizados y acreditaciones profesionales, eso sería mucho peor, pues reduciría el placer que sienten los formadores al tener que estar continuamente buscando trabajo, cursos y comercializándose como un producto de consumo. Agradecer que nos permitan acabar agotados, competir entre nosotros y dedicar nuestro tiempo a estos temas en lugar de dedicarlo a estudiar, leer, crear materiales, formarnos, asistir a jornadas etc.
  • Agradecer que los técnicos de supervisión de los cursos nunca pregunten nada a los formadores, estamos tan cansados, que no sería humano preguntarnos sobre nuestro trabajo, condiciones, regulación, retribuciones, apoyo de las empresas, formación especializada. Los técnicos saben bien que agradecemos el silencio como reposo.

Algunos técnicos ha habido que han intentado saber estas cosas, pero rápido han visto que no era la línea y sus compañeros y responsables así se lo han comunicado, mirando por su bien.

  • Mantener un sistema que permite una gestión libre, fomentando la libertad de mercado, evitando así el duro trabajo de regular, diseñar, organizar y asegurar la calidad, es agotador y poco necesario.
  • Apreciar el escaso interés en favorecer el trabajo de asociaciones para los profesionales de la formación y el aprendizaje, así nos evita tener que aprender, trabajar y sentir la responsabilidad de nuestro trabajo y de tener que pensar que transmitimos otras cosas además de contenidos y procedimientos, ya saben: conceptos, valores, principios, participación ciudadana, no podemos con tanto peso.

Mejor es simplemente hablar de los temas de impartición. Todos sabemos que el aprendizaje es neutro, no importa el tema, jamás se transmite nada que no sea el contenido o procedimiento, lo saben todos los buenos profesionales de la enseñanza.

El aprendizaje para el empleo no está para generar desarrollo económico y social en personas y organizaciones, nuevos formas y sistemas, estamos todos confundidos al respecto.

  • Comprender y aceptar que los formadores no son figuras de relieve en la sociedad. Los viajes a Finlandia para comprender cómo se consiguen tales resultados con las personas, aunque se realicen con fondos públicos, no implica que se tengan que modificar las estructuras aquí, sería muy costoso y esto es otra cultura, se va a ver, ponerse a aplicar, aquí, bueno, se va a ver, aquí las cosas son distintas, esto no es Finlandia, ni lo será.
  • Reconocer la importancia de sacar del sector de la formación para el empleo a aquellos profesionales que quieren organizar y planificar el sector en base a líneas directrices, diseños metodológicos e investigaciones de rigor. La formación para el empleo, su propio nombre lo indica, no precisa de experiencia, ni de conocimiento real sobre el desempeño en puestos de trabajo, requiere gente joven fresca, recién acabados sus estudios, gente que viene y va, con ilusión, así se proporciona variedad y se evita tanto insistir en mejorar procesos. ¿Quién dijo nada de aplicar la mejora continua a la formación para el empleo?
  • Agradecer muy mucho, que los profesionales de la formación, no precisen formase competencialmente, nos quitan un tremendo peso de encima. Como han explicado altas instancias, es un valor añadido que se nos presupone, eso dice mucho de las expectativas oficiales sobre nosotros, no se nos reconocerá profesionalmente,  pero por debajo parece que se nos tiene alta estima. Nosotros somos capaces de desarrollar competencias profesionales en otros sin ni siquiera preparar la nuestra como formadores. La comisión europea está atrasada diseñando competencias para los formadores para el empleo y gastando fondos públicos en gruesos estudios, no nos conocen.

Comprendemos que otras profesiones requieran trabajar sus competencias, médicos, cirujanos, pilotos, conductores, fontaneros, gerentes, carniceros, técnicos variados, etc, pero los formadores que tenemos que preparar a estas personas, no.

Nosotros somos seres superiores, traemos las competencias dentro, la competencia de enseñar, de organizar objetivos de aprendizaje, planificar y programar, diseñar proyectos para el desarrollo de competencias, eso, en este país, lo dicen desde altas instancias, lo traemos innato. Cómo somos.

Ya lo dicen, el futuro es aprendizaje, el futuro lejano.

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  1. #1 por AFACI-Castilla y León el 5 agosto, 2012 - 03:37

    El futuro del aprendizaje es tan lejano que ni a los propios alumnos trabajadores ni desempleados les valoran los empresarios los cursos que hacen a través de formación ocupacional o contínua.

  2. #2 por primo el 6 agosto, 2012 - 22:18

    El Gobierno Gallego ha dado incluso un paso más… despues de hacernos pasar decenas de pruebas, hacer cientos de cursos de perfeccionamiento e impartir miles de horas de formación….deroga nuestro fichero de expertos en represalia por haberles reclamado en los juzgados que nos reconozcan la relación laboral, y a continuación saca a concurso para empresas de formación la impartición de los cursos de formación para el empleo en centros propios, las cuales nos contratan aplicando tal cual este decálogo… felicidades señor Nuñez Feijoó, eso es para usted la excelencia y la optimización de recursos.

  3. #3 por Afaci Euskadi el 8 agosto, 2012 - 10:17

    Parece que en Galicia, por lo que primo cuenta, la situación es similar. Se anula toda capacidad profesional reconocida a los formadores/as, a pesar de que existían exigencias profesionales altas, y se “otorga” la capacidad a los centros-empresas privadas.

    La formación para el empleo se pervierte, es decir, da la vuelta a su finalidad, y se convierte en un gran negocio. Los profesionales pasan a ser monigotes manejables, la formación un negocio, y los resultados tener a las personas entretenidas. Las empresas contratan formadores a lo loco, es decir, a la baja de precio, y si no sale bien la culpa siempre es del formadores, no de la empresa.

    Esta es la formación de la subcontrata, subcontrata que subcontrata, que ya el último mono que arree con el curso. El único responsable de su trabajo, su retribución, su capacidad, resultados, etc, el único responsable de todo, el formador, los dueños de los cursos, grandes e importantes confederaciones empresariales dicen que no es asunto suyo, sino del siguiente, de la empresa de formación, etc…. lo que se llama neglicencia total.

    Los “poseedores de cursos” se convierten en las clase dominantes. El conocimiento y capacidad de la gente es lo de menos. Las acreditaciones deben hacerse a los profesionales y a los centros, ¿Qué acredita un centro, paredes, instalaciones? Bien, el conocimiento lo acredita un profesional de forma independiente.

    ¿Los Servicios de Empleo no creen en la fomación para el empleo? Será porque se la han cargado, no saben o quieren gestionarla. De todas formas si no creen en una formación para el empleo oficial, de calidad y organizada, la pregunta sería porque manejan fondos públicos de tales dimensiones, parece un tanto derroche. Repitiendo cursos, formatos, centros, errores, aburrimientos, se están cargando el sistema.

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